Dios no quiere solamente visitar tu vida; quiere volver a ocupar el lugar que le pertenece.
¿Qué sucede cuando el templo sigue en pie, pero la presencia de Dios ya no ocupa el centro?
La Biblia enseña que somos templo del Dios viviente. Sin embargo, nuestro templo interior puede ser profanado cuando permitimos que el pecado, la carnalidad, las heridas emocionales, el resentimiento, la falta de perdón, las actitudes incorrectas delante de Dios, las distracciones del mundo y las tinieblas ocupen el lugar que corresponde al Espíritu Santo.
Podemos continuar hablando de Dios, congregándonos e incluso adorando, mientras nuestro corazón permanece lejos de Él.
Pero Dios nos llama a algo más profundo.
Nos llama a salir del atrio y entrar al lugar santísimo; a restaurar el altar del corazón y recuperar una relación verdadera con Su presencia.
La restauración espiritual no comienza con rituales externos. Comienza cuando reconocemos nuestra condición, nos rendimos delante de Dios y permitimos que Él limpie aquello que hemos tolerado dentro de nosotros.
La verdadera adoración tampoco depende de recibir primero una respuesta. Adoramos porque Él es Dios.
Muchas veces buscamos bendiciones, soluciones y añadiduras, cuando lo que nuestra alma realmente necesita es volver a la presencia gloriosa del Altísimo.
Como comparto en Prepárate para Gobernar, existe un llamado urgente a abandonar la tibieza espiritual y recuperar el fuego, el gozo de la salvación y una vida de comunión verdadera con Dios.
“No te conformes con permanecer en el atrio. Vuelve al altar, vuelve al fuego y deja que la gloria de Dios llene nuevamente Su templo.”
Alfonso J. Jiménez
“Conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente…” — Apocalipsis 3:15-16

